El gris
Junio 9, 2008
Otros elementos I: Diseño y comunicación
Junio 9, 2008
Decidimos dar un ligerísimo tono tostado a las copias, muy suave y natural, como de viejas fotos autenticas, nada de sepia. Eligiendo la configuración para B/N del driver de Epson, no es difícil encontrar el matiz deseado.
Pero no todo fue sencillo. El papel de la segunda y tercera cajas que utilizamos estaba muy abarquillado, frente al perfectamente plano de la primera. Quizá esto causó algunas manchas y dobles imágenes en los momentos finales de varias impresiones, arruinando unos cuantos trabajos. Así que hubo que reajustar parámetros como la distancia de los cabezales y el tiempo de secado hasta volver a recuperar la calidad conseguida en un primer momento.
Sorpresa y no la única: también encontramos varias motas incrustadas en la superficie de algunas hojas que las inutilizaba para este proyecto. ¿Deficiente control de calidad de la distinguida, sobre todo por el precio, marca alemana?
Emilio Sánchez, de la Real, al ver las placas que estábamos seleccionando afirmó que tenían algo que ya no se ve en las fotos de ahora: ¡Plata! Es cierto, la densidad y profundidad de los tonos es magnífica. Quizá por eso hemos mantenido en todo momento los ajustes de máxima resolución (2880 ppp) frente a las opiniones que sostienen que a 1440 ppp se logra aún mejor calidad tonal sin pérdida de definición. No hubo tiempo de comprobar si dicho ahorro era beneficioso.
Para las imágenes estereoscópicas en color primero pensamos en un material transparente o translúcido que se aproximase al soporte original de la diapositiva autocroma. Una filmación a alta definición quizá hubiera resuelto nuestros problemas. Sin embargo se nos escapaba del presupuesto. Unas pruebas de Lambda sobre DuraClear, ya dudosas antes de encargarlas a un laboratorio, nos hacen desistir también de esta fórmula. A simple vista son impactantes, pero el arrebato dura un instante: a través de una lupa (que es como se observan estas imágenes tridimensionales) la trama del láser es inaceptable por lo evidente (y contradictoria en una fotografía centenaria). Puede que por el despropósito del laboratorio comercial al que acudimos que sigue la costumbre acrisolada en el sector de ajustar algunos de sus equipos a resoluciones inferiores a la óptima “por-que-no-se-no-ta”. Si se mira con un cuentahílos, algo imprescindible en éste caso, es bochornoso.
Así que desechada la idea de mostrarlas como transparencias, decidimos volver a la Epson 3800 para imprimir en papel (Harman en éste caso, brillante y liso, neutral, mejor para una observación próxima). Aún sin contar con el perfil específico, y bajando algo el contraste, las placas en color quedan correctas.
Impresión II: El papel
Junio 8, 2008
Los recientemente comercializados soportes de base de fibra con recubrimiento de barita y similares aúnan –y superan-, al parecer, muchas de las cualidades de los demás tipos de papel: la textura es la más próxima a la de los fotográficos tradicionales y alcanzan un contraste más elevado. Tienen su lado negativo: son caros y frágiles. Tampoco se han despejado algunas dudas sobre su conservación “museística”; no se han publicado resultados independientes y fiables de durabilidad, como los que aparecen en el sitio especializado en pruebas de permanencia de imagen WIR.
Decidimos examinar los que más fácilmente se encuentran en el mercado:
— Hahnemühle FineArt Baryta 325 Algo mate, perlado, con mucha textura, muy blanco.
— Harman Inkjet Gloss/Matte FB AL De superficie lisa, satinada y brillante.
— Epson Exhibition/Traditional Fiber Paper (EFP) No baritado, similar al Harman.
Para el estudio no pudimos disponer del Ilford Galerie Gold Fibre Silk.
La primera emoción es olfativa, no visual: los baritados huelen bastante, qué curioso, y de forma muy característica.
El peso es notable en todos los casos aunque el papel de Hahnemühle destaca por su grosor y consistencia. Bajo luces variadas (de tungsteno, fluorescente, de ventana) y mirando sesgadamente, también produce más (muchos más) reflejos de luz que los otros, pero de manera muy difusa (esto último, sin duda, por su superficie tan estructurada). Su rugosidad, muy agradable al tacto en un primer momento, parece exagerada al cabo de un rato, de diseño “autoconsciente”. Con fotos antiguas, en B/N o para exposiciones quizá ayuden mucho sus características, no así para un uso muy frecuente.
El Harman, ”glossy”, terso, relajado es más moderno sin llegar, para nada, a la abominación de lo plastico (¡y bastante más barato!). Copiada la misma foto en distintos soportes y observados los resultados a diferentes distancias y con lupa, quizá el Harman impacte un poco más. La trama de impresión es muy fina en todos los papeles e indistinguible en cualquier caso.
Después del análisis determinamos que todos se ajustarían a nuestros deseos. Elijo el Hahnemühle porque lo encuentro más adecuado a las características de esta exposición que los de la competencia. Distintas personas ajenas a la prueba observan las muestras y todas coinciden en avalar la decisión.
Tratamiento de imágenes
Junio 8, 2008
Nada especial: mucho Photoshop.
La limpieza digital: aburrida, repetitiva y demasiado larga, a pesar de la decisión tomada de antemano de no dejar las copias como si fueran relucientes imágenes nuevas. Preferimos conservar parte de las motas, rallas, márgenes irregulares, etc. para preservar el aroma vintage. Sin embargo, al final germina esa incómoda enfermedad incurable del “prurito quitamanchas”. ¿En qué momento dar por terminado el trabajo? Al menos, para rematar, siempre es algo satisfactorio practicar unos toques de la pequeña brujería de los tapados y quemados.
Os muestro una placa autocroma que vamos a reproducir en un visor estereoscópico. Al igual que en otras ocasiones complementamos las copias enmarcadas sobre la pared con estas de contemplación más íntima pero de gran espectacularidad.
El color sufre peor el paso del tiempo, como se ve. Pero una vez regenerada el resultado final, por encima de consideraciones de “calidad técnica” convencional, es muy evocador. (La muestra “antes de” proviene de una captura a muy baja definición y no ha sido mágicamente reenfocada para la versión definitiva).
Espero que no se noten nada de los tratamientos, la idea es que no parezcan manipuladas.
Impresión I: La impresora
Junio 8, 2008
En sintonía con la política de costes moderados que este año imponen las circunstancias, optamos por tantear una impresión “casera” antes de acudir a un laboratorio comercial. Alejandro del Estal, compañero de la Real y amigo, brinda su Epson 3800 –y bastantes horas de su tiempo- para que investiguemos (junto con mi socio Pablo Vergara) y comprobemos si alcanzamos los “niveles de excelencia” que requiere la muestra.
Después de un periodo –excesivo, un poco desesperante- gastado en calibraciones*, ajustes varios y solución de diversos problemas aleatorios, logramos unas pruebas que se adecuan totalmente a lo requerido y que alcanzan un nivel similar al que conocemos de establecimientos profesionales de primera categoría con los que hemos tenido la oportunidad de trabajar. Así que nos decidimos por este procedimiento.
Las características, limitaciones, ventajas, deficiencias, particularidades de esta impresora están ampliamente desarrolladas aquí o en diversos foros como, por ejemplo, el de Luminous Landscape.
*Sobre el calibrador ColorMunki prefiero no hablar demasiado. Aquí hay una revisión en la línea de mi experiencia, alejada de las diversas publicidades encubiertas disfrazadas de análisis que se pueden encontrar en otros sitios. Después de probar tres unidades en unos cuantos ordenadores, pantallas e impresoras decido devolverlo. Los perfiles de pantalla no están mal, los de impresora no son buenos a la primera y no llegan a ser mejores de lo que se consiguen a ojo tanteando unas cuantas veces, el software no está depurado (el equipo ni siquiera trae los programas, hay que bajarlos de la web de X-Rite) y con mis Macs se cuelga (incluso en la demo a la que asistí, al representante del distribuidor en España le fue imposible hacer funcionar el aparato con el sistema operativo en español, tuvo que reiniciar en inglés) y terminan por no reconocer al calibrador. Un fiasco.
Estampas con Nikon F en la guantera*
Junio 7, 2008
*(de un Rolls descapotable)
“Blow–up”. Antonioni. La película sobre los fotógrafos molones por excelencia y de los porqués y el sentido de la fotografía frente a la realidad. Aburrida, difícil de descifrar. Testigo de una época lejanísima: aquella, dicen, década prodigiosa en Londres, ¿quién en esos años no quiso ser David Bailey and friends? Si recordáis la trama, parte de ella, giraba alrededor de un aparente crimen capturado por la cámara, aunque desapercibido en un primer momento, que se mostraba pertinaz sobre las progresivas ampliaciones en papel. El fotógrafo, con exceso de trabajo y aislado en su narcisismo, puede que no entendiese nada de lo que estaba pasando, pero sí sondeaba la distancia intransitable que separa la vida de su representación. Porque, y de alguna manera lógicamente, cuanto más quería saber, cuanto más ampliaba, más transformaba lo registrado en grano y alucinación, cuestionando el valor de la prueba pero multiplicando su importancia ilusoria.
¿El arte copia a la vida, era al revés? ¿O, como en el colegio, todos copian a todos?
Esto aparece en una esquina de una de nuestras viejas placas. ¿Quién estaba ahí?, ¿qué pasaba detrás del arbusto? La razón nos recuerda que estas imágenes eran fruto de viajes organizados y con propósito, nada de improvisaciones solitarias o de casualidades misteriosas, pero puestos a elucubrar, la mente (como la cámara) siempre se dispara.
Escaner III (Software)
Junio 6, 2008
Probé tres aplicaciones diferentes: la propia de Epson y otras dos que conocía por haberlas utilizado en otros aparatos cuando escaneaba más a menudo: SilverFast (que viene incluido en el paquete del V750) y Vuescan. Las diferencias, sutiles, no resultan significativas para nuestro propósito final: sólo ampliaciones pequeñas (2x / 4x de las dimensiones originales).
— EpsonScan Es sencillo de utilizar, relativamente estable, correcto. Contrastado. Bien en las altas luces. Tonos oscuros un poco densos. Extrema el contraste, algo que hay que tener en cuenta si no se utiliza una ventana de previo grande, ni se hace zoom sobre la imagen o no se observa detenidamente el histograma. En ocasiones hubo que reescanear por haberse roto las luces en exceso… Nada que no se pueda resolver con un poco más de cuidado. No sólo en la captura de la imagen es el fotógrafo el principal elemento limitador de la calidad final.
— SilverFast Ligeramente menos nítido. En papel casi ni se nota. Muy contrastado. Más profesional, es decir: interface tremendamente aburrido.
— VueScan Buena gradación tonal. Imagen difusa que mejora con una pequeña máscara de enfoque, pero a costa del grano. Muchos artefactos extraños ampliando la imagen al 300%.
Elijo el de Epson sin complicarme más en esta etapa del proceso.
Escaner II (Ajustes del Epson Perfection V750)
Junio 6, 2008
El aparato según las especificaciones funciona a una “alta resolución” de 6400 ppp. Se supone. En realidad ni de lejos. Es decir, puede que capte ese número de muestras pero no resuelve esa cantidad de información. Los documentos son grandes, formidables, pero redundantes. En realidad los resultados en pantalla e impresos a “sólo” 3200 y 2400 ppp tienen similar aspecto. No así a 1600 ppp. He optado por 3200 al ser un división exacta de la resolución máxima. Esto permite retocar cómodamente con poco deterioro y dejar archivos preparados para potenciales ampliaciones a gran tamaño pero con un ahorro no desdeñable de espacio en el disco.
Disculpad la ausencia momentánea de imágenes. en cuanto pueda reducirlas a un tamaño manejable, edito el post y las incluyo.
La reducción de costes para posicionarse en el lado “económico” del mercado ha obligado al fabricante a prescindir de un sistema de enfoque, ni siquiera por vía mecánica. Curiosamente, se ha optado por incorporar dos juegos de ópticas. Una para los opacos y las placas de gran tamaño que se colocan directamente sobre el cristal, de inferior calidad y que trabaja a una resolución óptica menor –y que debe evitarse si es posible-, y otra, mejor, para la película colocada en el aire en soportes a “unos” 3 mm de altura de la superficie. Es preciso dedicar un tiempo a averiguar cual es la distancia real de enfoque de la unidad concreta, dada la mínima profundidad de campo y las amplias tolerancias de unos componentes muy plasticosos y de dudosa fiabilidad. Los propios soportes presentan unas patitas que permiten variar la posición ± 0,5 mm. sobre la altura recomendada para que el usuario calibre su equipo antes de utilizarlo en trabajos importantes.
Como nuestros originales van en general embutidos en cristal mido el espesor, inconstante, de los mismos (de 2,40 a 2,70 mm.). Es decir, aprox. tenemos 1,30 mm desde el exterior a la emulsión. Determino, por consiguiente, que se necesita suplementarlas en altura con otro 1,30 a 1,60 mm para que queden en una posición óptima, en principio, para un escaneado en el aire. Y construyo unos pequeños soportes con cristal y cartón negro que me dan ese juego, ya que no se adaptan a ninguno de los múltiples soportes suministrados. Y con una batería de pruebas verifico que en algún lugar impreciso entre 2,60 y 3,00 mm se encuentra el plano focal.
Aquí iría/irá otra muestra de fotos.
Esta comparativa muestra un escaneado sobre el cristal, el peor, y sucesivas pruebas “en el aire” aumentando la distancia. Un suplemento de 1,55 mm. sumado a los 1,40 mm. de espesor de la placa proporciona el mejor enfoque. Con separaciones superiores e inferiores (no mostradas aquí) se degrada rápidamente la calidad.
Escaner I (Selección de hardware)
Junio 6, 2008
En color, al confrontar digitalizaciones de fotografías de formato medio actuales (negativas y positivas), Epson sale perdiendo frente a Imacon a todos los niveles. Éste logra mucha mayor nitidez, color más ajustado al original, superior saturación y Dmax, etc. Incluso si se amplia poco, en el papel se nota la distancia en las calidades. Visualizando más allá del 100 % en pantalla, sin embargo, en las imágenes del Imacon aparecen unos extraños “artefactos” impropios en un aparato de su clase. Afortunadamente no se ven en el papel.
Con las antiguas placas autocromas también queda mal parado. Bastante más ruido y tonos menos realistas. Al partir aquí de un material tremendamente granuloso, la resolución no es muy diferente en ambos casos.
Es decir: es un escáner inferior. Ninguna sorpresa, por otro lado.
Pero cuando se escanean placas viejas en B/N con el V750 se obtienen unos resultados que, si bien inferiores –contraste, nitidez-, desmerecen muy poco al cotejarlos con los de su competidor. Y una vez impresos a tamaños medios resulta casi imposible diferenciarlos.
Aquellas primitivas emulsiones de grano grueso no necesitan del más perfecto de los equipos de digitalización (menos aún si las copias van a ser DIN A4 como en nuestro caso).
Y esto nos empuja a aceptar el compromiso y optar por la máquina en principio “peor”, pero cuyos resultados –para nuestras intenciones- son prácticamente indistinguibles de los de la más “profesional”. Aparte del ahorro económico que va a suponer, tanto la rapidez en la operación como la comodidad de hacerlo “en casa” y, sobre todo, la tranquilidad de no tener que trasladar los frágiles cristales a un laboratorio, inclinan la balanza de una forma incuestionable.





